Tengo miedo de mi cuerpo. Enfermo, me está sacando de su perímetro. -Sergio Loo

Hacer una bitácora del cuerpo enfermo es hacer una bitácora sobre el dolor.

¿Y qué es el dolor además de algo de lo que todos escapamos?

Enfermar es un sube y baja entre la vida y la muerte.
Un proceso muy complicado cuando estás débil y agotado,
cuando las esperanzas se resumen a unas jeringas y un diagnóstico.
La fortaleza radica en abrir o cerrar la quijada del león,
como el Arcano del Tarot:
una lucha constante donde las opciones son
cerrarla para terminar con todo o abrirla para sacar el último aliento.

El cuerpo vivo y radiante parece siempre estar ahí,

como planta que se cierra por las noches.

El cuerpo que enferma transita por lugares oscuros y terribles,
usa toda su energía para sostenerse,
es más poderoso que cualquier ejercicio espiritual.
Tomar ese cuerpo y convertirlo,
exiliarlo de la realidad,
sujetarlo a los hilos de lo que canalizamos como congestión inmediata,

el carpe diem que nos asegura una segunda vuelta,
un segundo cuerpo.
Todos estamos muriendo,
asegurando un lugar en este microespacio presente,
ir hacia la muerte es vivir
hasta que el cuerpo decida detenerse
en su inmensa gloria de maquinaria perfecta.
En el proceso no hay moral, ni ejecuciones estéticas,
hay un traslado, una reconciliación,
donde el físico y la mente se difuminan como mancha de guepardo.

El arte enfermo, el arte que enferma, el arte que enferma y sana,
el arte que enferma sana y vuelve a enfermar,
un ciclo brutal donde la pureza de lo terminal es
una fase de trabajo durísimo y encarnación.

¿Estás o no estás?
Operación constante, cuerpo intervenido,

oscilación entre la anestesia y el montaje de lo imposible.

El dolor se va difuminando,

los colores regresan,
la quijada se abre,

respiras.

Horacio Warpola

                                                                                                                                           Noviembre 2018

Del dolor, la amistad y la temporalidad

Los estados de ánimo ¿son hogar o intemperie? (A. Neumann)

 

No se puede hablar de los amigos, se les habla a ellos. (J.Derrida)

 

 

Suponer el dolor implica introducir al menos el problema del cuerpo y de la alteridad.
Mantener en singular el cuerpo que se ve afectado por el dolor, conlleva un desvelo ante la existencia de otros avatares, que son provocados por la invención de algunas palabras y vociferaciones que se tornan letras y que impactan al cuerpo. Una cualidad del lenguaje
es la invención del cuerpo mismo, nominar las partes del cuerpo, será sin duda alguna, la ligazón del lenguaje con la corporalidad y la necesidad imperante de decir algo sobre esa sensación que emana vertiginosamente y que conlleva a otra imagen que será la del sufrimiento. Los estados de ánimo (Stimmung) no son posibles de representar o de definir, es decir, lo afectivo solamente matiza irremediablemente la existencia, hay dolores inenarrables,  hay mutismos que no son silencios, gran verdad no sabemos del dolor.

Cabe entonces suponer que la enfermedad y el dolor nos muestran algo de la existencia, sobre lo que acontece sobre y dentro de la piel, de alguna manera el cuerpo emite una voz emergente y dolorosa que recae sobre un temple que modela el existir, así los estados de ánimo, son formas inquebrantables que modifican el transitar por la cotidianeidad azarosa donde se desdoblan los párpados al levantarse, ponerse de pie, abrir los ojos, caminar, mover las extremidades, tratar de ingerir algún tipo de alimento o bebida, expandirse a pesar del dolor que revela la existencia de un cuerpo modificado, alterado que muta incesantemente y a pesar de todo resiste, se desdobla frente a los momentos e instantes donde el dolor se adhiere a la dermis con todo y los efectos del fármaco.

Los fármacos han sido y son los calmantes, las drogas que circulan y explotan al interior del cuerpo y se mezclan con la sangre, para así quizá mitigar el dolor, curiosamente el cuerpo es la primera instancia donde el dolor se siente, de esta manera la presencia del malestar
físico es el aviso plausible y latente del martilleo doloroso que abre irremediablemente y sin escapatoria los signos del sufrimiento. El dolor y el sufrimiento son casi inseparables, el dolor posee sus propias cualidades al igual que el sufrimiento, co-existen como afecciones que incluyen los sollozos, heridas, punciones, radiaciones que hacen nombrar el dolor y esto porque seguramente se sufre ¿Cómo adecuar los dolores a las palabras? Habrá que considerar que hay algo sobre el dolor que es incomunicable, que no puede ser dicho, quizá el dolor silencia la palabra.

No todos los dolores son comunicables, por lo tanto los dolores más terribles son los dolores mudos.

La amistad es una de las formas del amor, los griegos usaron el vocablo philia para exhibir, como lo filial da apertura a formas donde la palabra se pone en juego y genera por decirlo de alguna manera una comunidad solidaria y afectiva, parafraseando a Bataille “una comunidad de los que no tienen comunidad” quizá la permanencia de la amistad, es aquello que nos expone frente al paso del tiempo, la amistad es esa complicidad silenciosa, donde el pacto del uno y del otro queda inaccesible, al resto de la comunidad.

La enfermedad es pasajera e impermanente, la amistad permea la temporalidad a pesar del dolor compartido, así los días también algunas noches.

Santiago de Querétaro, Noviembre del 2018.

Carlos A. García Calderón

Gabriela Martínez y el abrazo de Kairós

Con las personas como condición de lo ontológico y con lo óntico de las cosas, Gaby Martínez camina tiempos, espacios y experiencias con el arte, al que Novalis se refiere como lo libremente creado, lo: “poetizado” (Gadamer. 2004). En el tiempo de Kairós, ella con dignidad ético-poética, inventa, crea, por eso entiendo su arte como estructivo. Thomas Harrison en su ensayo “Filosofía del arte, filosofía de la muerte” del texto coordinado por Gianni Vattimo titulado “Filosofía y poesía: dos aproximaciones a la verdad”, cita a Robert Musil quien se refiere al arte moderno en la tercera década del Siglo XX:

 

          Pero, como lo decía la palabra, era un estrujamiento, de visiones constructivas, pero éstas, al ser comparadas con la tradición artística, eran igualmente

         destructivas, por lo cual el hecho de llamarlas sencillamente estructivas, no compromete en absoluto, y la frase ‘concepción estructiva del mundo’ suena bastante respetable.            ( Vattimo. 1999)               (cursivas nuestras).

     A esta estructividad le compete a mi parecer, la dignidad que es posible sentir y pensar desde la condición existenciaria a la que se refiere Gaos: “(...) debe distinguire en especial entre lo “óntico” y lo “ontológico” de la “existencia”, denominando lo primero “existencial” y lo segundo “existenciario”. (...); la comprensión de la “existencia” que hace “ver a través” de ésta plenamente es existenciaria (...). (Gaos. 1996). Ante la muerte y la Nada, ante el espectro de lo fatal, Gabriela Martínez se sitúa estructiva-existenciaria.

    Día a día, la artista abraza a Kairós. Veamos. De Cronos se dice que reina con gran poder entre la vida y la muerte. Pero por otra parte y en la diferancia (Derrida. 1998), Aión es el tiempo que nos remite a la vida conformada de instantes: “Siempre está. No nace, no es originado. Tan sólo da. (...) Viejo y niño a la vez. Dios de la vida y no de la vida que muere (...). Kronos: el tiempo del reloj, del antes y el después, Aión, el tiempo del placer y del deseo (...)”. (Núñez. s/f). Entre Cronos y Aión, se aparece el acontecimiento o momento oportuno de las artes de Gabriela; el instante del abrazo de Kairós: “Pues ésa es la pequeñez y la grandeza del mortal, estar entre la vida y la muerte. (...) Kairós es nuestras artes y nuestras fiestas (...). El kairós, el instante (...). Lugar-tiempo donde se nos arrebata de Kronos y se nos sitúa en Aión (...). Es el instante, el acontecimiento el que marca el tiempo”. (Núñez. s/f).

    En o con Kairós, Gabriela atiende poéticamente al color, al collage, a la instalación; trabaja la imago en su diferencia, le marca. Por ejemplo y también en la diferancia (diacrónico-sincrónica o del tiempo histórico) la artista nos remite marcándoles, a los altares de los antiguos de aquí y a sus descendientes actuales. El rito y el mito se poetizan para ser con los otros entre velas, viandas y copal, todo con nosotros o; lo que se integra a la experiencia vital de Gabriela. Visto así, un rezo estético, tal vez creyente o tal vez no, se enreda con las artes de Gaby para ir a lo otro. Este rezo, no necesariamente acontece religioso, pero sí se realiza entre el dolor, la vida, sus otredades, como apertura pluriversal necesaria pero también, con la esperanza activa, con la que ella, se toma la libertad en la necesidad; la vida como lucha.

    Con su arte de la imago, Gabriela nos comparte lo de una artista existenciaria que rostro a rostro, cuadro a cuadro, impreso a impreso -a la letra pues-, nos recuerda de nuestra responsabilidad con nosotros mismos y siguiendo en esto a Lévinas; con el otro en cuanto que es mortal (Derrida. 1998). Esta responsabilidad es ante la nada o en nada fuera de este instante, el privilegiado e inexponible del ser: “Lo que es repele el abrazo verbal y la experiencia íntima no nos revela nada fuera del instante privilegiado e inexpresable. Por otro lado, el ser mismo no es más que una pretensión de la Nada”. (Cioran. 2005) (cursivas nuestras). Pero y en estos instantes, con el rostro de Gaby se recorren representaciones o mejor, despresentaciones (Derrida. 1998) estructivas en torno a los tiempos existenciarios; los del ser con el abrazo de Kairós. Esto es así entre autorretratos de piel blanca que se nos aparecen a manera de luminosidades cromáticas (o es que veo su rostro de todos los

colores de lo humano). Incluso veo su rostro a manera de lo propio pero, también como autorretrato o de la imago que es ya “otro-otro” sin presencia, esto es; como despresentación de la vida. Gaby dispone del rostro de sí misma y con su mirada pregunta, enfrenta la vida y se la aclara, abierta, hospitalaria como un abrazo trágico (Unamuno. s/f).

    Como con todos nosotros, este abrazo no es aún el de la muerte, pero sí, a sabiendas de la muerte. Con el abrazo de Kairós se enfrenta la ausencia y se deja huella de impermanencias, las de una mirada fija que busca al espectador, al “otro que se es”, o sea, al posible recreador de experiencias vitales, estéticas o artísticas y que por instantes, algo nos dicen de duras luchas cotidianas. Esto es, algo sobre instantes que en su ser no perene, aluden a la impermanencia de la vida, a los episodios tremendos y a las alegrías, al ser y a su carácter privilegiado e inexponible. Visto así, como autorretrato, su bello rostro es la despresentación que deja ver lo propio de ella, de su ser que lucha entre lo posible y lo imposible. Escribe Bauman:

              Tenemos que intentar lo imposible. (...)
                         La incertudumbre es el habitat natural de la vida humana, si bién la esperanza de escapar de esta incertidumbre es el motor de

               nuestra búsqueda vital. Escapar de la incertidumbre es un ingrediente esencial, aunque sólo sea táctico o supuesto, de todas y cada

               una de las imágenes combinadas de la felicidad. Esto explica por qué la felicidad <<genuina, verdadera y completa>> siempre

              parece encontrarse a cierta distancia: como un horizonte que sabemos que se aleja cada vez que intentamos acercanos a él.

             (Bauman. 2009).

    Entre impermanencias, el antiguo rostro y corazón -in ixtli, in yóllotl-, es decir la persona (también el colectivo y la cultura), se cubre de despresentaciones en la existencia que el arte marca como: nada fuera del instante privilegiado e inexpresable. Nada fuera del alcance de la muerte pero, también, nada fuera de la vida que se cobija con el instante de Kairós, éste mismo, en que ella se construye un corazón, se lo teje. Entretejiendo las impermanencias de su corazón, con lo poetizado Gabriela va en pos de algo. Se da a algo: “(...) ‘dar su corazón a alguna cosa’ (...) ‘ir uno en pos de algo’. Se refiere así el corazón (yóllotl) –voz derivada de la misma raíz de ollin, movimiento- al aspecto dinámico, ‘buscador’, del yo”. (León-Portilla. 1980).

 

      Con las despresentaciones de la obra plástica de Gabriela, se recorre el gram. Escribe Ulmer: “La gramatología es <<postestructuralista>> porque sustituye el <<signo>> (compuesto de significante y significado –la unidad más básica de significado según el estructuralismo) por una unidad aún más básica, el gram”. (Foster, et al. 2004). Del trazo del dibujo al empeño por las letras... los signos, ella va en pos de algo, por eso se interna en lo poetizado: “Seguir el camino del códice” –amoxohtoca- implicaba “descodificar” su contenido (...) “se hace oír” lo que con glifos y pinturas expresaba el libro (...). Quiero decir con esto, que las “lecturas” del códice podían tener variantes”. (León-Portilla. 2013). En la metáfora o por así decirlo, en el amoxohtoca de su corazón poeta, con las artes visuales de Gabriela nos damos a la recreación o si se prefiere, a la interpretación de la experiencia sensible, estética, en parte, a la que se mueve entre sueños, vigilias y entrevelas. Incluso nos damos a las amables ensoñaciones y a las pesadillas, las que se despresentan en los instantes o tiempos de Kairós. Esto, en el camino del códice y con la muerte situada a la derecha o que, desde ahí, confirma su posibilidad, su acompañamiento en vida. En la oportunidad del momento que compete a las artes, Gaby teje su corazón con un abrazo trágico que se siente y se piensa.

     ¿Que colección se abre a la luz de los empaques de medicamentos? ¿Que historias les reúne para ser objeto de la lectura del códice? ¿Qué escritura, qué impreso significa para la lucha por la vida? ¿Cuál es su ser irremediablemente nada y cuál su aportación a la lucha que es insistente, valiente? Con sentido estructivo, o sea, en contra de costumbres sustentadas en perjuicios, la despresentación de una cama en un ambiente inundado de recetas, responde silenciosa desde su pertinencia para la postración-restablecedora. Esta cama nos dice de covalencias que se cobijan de señales, horarios, tiempos precisos que se indican en recetas que

hablan con su gram, con la escritura a manera de despresentación del lugar del cuidado que se toma su tiempo y pathos. Este lecho dibuja la vida entre el gram, el sentido y el sinsentido, la incertidumbre y el connatus vital existenciario.

    El cabello muerto como cosa, se reinventa dado a la risa de la flores. De milenios es esta cercanía con lo poético y lo corpóreo, lo de lo físico que se transmuta en lo bello, esto aún, en una inquietante relación entre la muerte y el arte o, entre lo de alegría festiva en la diferencia de flor y canto; in xóchitl in cuícatl. Flores y pelo en sus distintas naturalezas se van enredando entre lo que ha sido con ella, con Gabriela. Estas guías de su pelo, ónticas o existentes, se cosifican para despresentar lo mutante de su origen, aquí, del lugar y tiempo del cabello que cuida de los sentires y pensamientos de la artista. Escribe el poeta que: “Cuando el hombre deja de creer en lo absoluto ya no cree en nada. Porque toda creencia es creencia en lo absoluto. Todo lo demás se llama pensar”. (Machado. 2001) (cursivas nuestras). Conforme a la naturaleza de su propio rostro y corazón, Gabriela va en pos de algo, se da con el penar, pero y para el caso, con el sentir-pensar de su ser existenciario, de la naturaleza de su corazón de “poetiza visual”: “<<En las épocas en que el arte es realmente creador –dice Mairena- no vuelve nunca la espalda a la naturaleza, y entiendo por naturaleza todo lo que aún no es arte, incluyendo en ello el propio corazón del poeta.>>”. (Machado. 2001). (cursivas nuestras).

    En suma. Gaby en su oportunidad, sabe aprovechar el abrazo de Kairós para ir en pos de su propio corazón. Por eso me recuerda a la poetiza Macuilxochitzin que ante la incertidumbre, se pregunta por la existencia a manera de canto y con ello, intensifica su fuerza vital. Y es que como Gabriela, también la poetiza precuauhtémica problematiza la existencia y propositiva, festiva, valiente, nos comparte su flor y canto, sus artes existenciario-estructivas:

¿Adonde de algún modo se existe, a la casa de Él
se llevan los cantos?
¿O sólo aquí
están vuestras flores?,

¡Comience la danza!

(León-Portilla. 2000).

Jorge Martínez Marín Querétaro, Qro., octubre de 2018

Impermanencia

La vida no es permanente.
El dolor no es permanente.
El dolor no es permanente.
El dolor no es permanente.
Ante el dolor de los demás decía Sontag Ante la herida abierta

Di: el dolor no es permanente.
Di: impermanencia.
Hipermanencia en pastillas dulces, brillantes, inmóviles, prisioneras.

Hiperinmanencia de una guerra química y compacta.
Violenta.
Silenciosa.
Grita: el dolor no es permanente
Grita: Hiperinminencia
El dolor no es permanente.
Cápsulas, pastillas, flores.
Recordar es atar al corazón.
Atar con el hilo de la sábana de la cama de hospital
Bordar con el hilo de la sábana de la cama de hospital.
Tejer las trenzas sobre la sábana de la cama de hospital.
Atar, bordar, tejer.
El dolor no es permanente.
Desatar, desbordar, destejer.
El dolor no es permanente, Gaby.
La muerte no es permanente.

Lucia Molatore

noviembre 2018

A Gabriela

Han pasado unas veinte semanas, me encuentro en un crear segundo a segundo. Mientras tanto, algo está pasando, aquí junto a mí en un instante todo cambia... nos encontramos de frente al pánico, escuchamos la palabra cáncer y no sabemos si correr, el miedo invade, la prisa y el dolor se apodera de todos y de todo, esto apenas comienza a ser lo tuyo, a ser lo nuestro, nos estaca a un lado del corazón casi casi de frente, sin compasión.

El camino es largo pero aquí estamos, mi vientre crece pero mi corazón parece secar- se, mi cuerpo y mi mente quieren que estés bien, y mi corazón, no sé ni como mantenerlo húmedo quizás con las lágrimas de todos, de todos quienes te amamos, de ese poco que lloramos cada día de incertidumbre y de dudas, hay días que lloramos más porque simplemente estamos apoderados por la impotencia y lo desconocido, esto parece un laberinto del cual no sabemos cómo salir; todos nos indican diferentes caminos, nos confundimos, pero sé que saldremos ... nunca lo dudo.

Y entonces la voluntad en su máxima expresión se apodera de ti y de todos los tuyos, los brazos de un hijo tan fuerte que es capaz de sostenerte. Tu madre regresa a esos primeros días de tu vida, al amor de un padre que en su forma expresa y vive su dolor tu dolor; tus hermanos, tu familia, tus amigos, conocidos y desconocidos están ahí ...

Pero nadie más fuerte que tú, te dejo de ver algunas semanas, sigo gestando y cuando nos reencontramos me perecen que han pasado años, los rayos han hecho lo suyo, te arrancó esa trenza roja, el color de tus mejillas, el brillo de tus ojos, y la fuerza absoluta; si, tu mirada es ausente, lejana, pero tus pies te hormiguean y te amarran a la tierra, te recuerdan que por ahora aquí es donde tienes que estar, con nosotros, estas en esa cama que te atrapa mientras tanto yo también tengo que ir a un hospital, te quisiera abrazar tan fuerte, estrujarte y hacerme una contigo, poder apaciguar tu dolor, pero el solo roce de mi mano te haría un inmenso moretón, así tengo mi alma por ti, me duele que no estés conmigo.

Jamás creí que fueras tan fuerte, jamás me imagine que un cuerpo tan frágil pudiera soportar tanto, resulta que fuiste más fuerte que cualquiera, no puedo imaginar lo que siente tu piel, tus venas y tu cansada alma, pero aquí estas fuera de aquel laberinto donde el sol toca tu piel.

Tu creatividad emana y el día se convierte en un día a día, y yo le doy gracias a la vida, al amor de tantas personas que te han acompañado en este camino aquí estamos y esteremos.

Porque ese dolor es impermanente, pero mi amor por ti es eterno, permanece como el de todos los que estamos aquí. Admiro lo enorme que eres, gracias por inundar este espacio con tus ideas, tu pensar y tu luz ...que tu obra permanezca.

Te amo hermana mía

Carolina Martínez Noviembre 2018